Carlos Cotta (Málaga, 1970), catedrático de Lenguajes y Ciencias de la Computación de la Universidad de Málaga (UMA) y experto en inteligencia artificial, debuta en la narrativa con La noche infinita, una novela de ciencia ficción dura, suspense tecnológico y horror cósmico. Con motivo de esta publicación, ha compartido su visión sobre los riesgos, los límites y el futuro de la inteligencia artificial, un campo al que ha dedicado más de tres décadas de trabajo académico e investigador.
Cotta entró en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de la UMA como alumno en 1988, el año de su inauguración, y desarrolló su carrera de la mano del profesor José María Troya hasta doctorarse y alcanzar la cátedra. A lo largo de estos años ha buscado soluciones a problemas complejos con aplicaciones que van desde los videojuegos hasta la evacuación de interiores o la selección de carteras de inversión, un bagaje que traslada ahora a su primera novela, ambientada en un futuro cercano en torno a una brecha en un sistema de computación cuántica.
Sobre los riesgos de la inteligencia artificial, Cotta advierte de que el peligro no reside en una hipotética malicia de la máquina, sino en el diseño de sus objetivos: «El riesgo no es que la inteligencia artificial sea malvada, sino que la definición de los objetivos y de los medios que se le proporcionan para conseguirlos pueda dar lugar a situaciones que no estaban contempladas o previstas por sus diseñadores». En esa línea, defiende el desarrollo de la IA responsable, que incluya supervisión humana, gobernanza de datos y mecanismos de control para evitar daños a terceros.
El catedrático se muestra partidario de regular la inteligencia artificial, pero pide hacerlo con criterios técnicos: «Hay que regular atendiendo a criterios técnicos y a riesgos reales, no al miedo a lo desconocido». Considera además que el desarrollo de la IA es, a estas alturas, imparable, ya que se trata de «un acelerador del conocimiento y de nuestras capacidades» cuyos avances retroalimentan a otros campos científicos, incluida ella misma.
Fuente: Diario Sur.